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Laicidad y fariseísmo de la clase política |
Bernardo Barranco V.
Hay una epidemia de doble moral político-religiosa que está contagiando la clase política mexicana. Gobernadores que entregan sus estados al Sagrado Corazón de Jesús, diferentes alcaldes que entregan apasionadamente las llaves de su ciudad a Cristo en actos masivos pletóricos de derroche religioso. Dicha contaminación de fervor parece más un grotesco carnaval que denota, en el mejor de los casos, la incapacidad para ejercer eficazmente las funciones públicas de funcionarios que se refugian en lo sagrado, como recurso de gobernabilidad. En otros casos, son actos de posicionamiento y de cálculo costo-beneficio político.
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